y no es porque algo esté mal contigo
Alguien se acerca de verdad y algo en ti se apaga o sale corriendo.
Quizás encuentras un defecto que antes no veías. Quizás empiezas a necesitar más espacio, más silencio, más distancia, hasta que la relación se enfría y no sabes bien cómo pasó. Quizás simplemente dejas de responder mensajes, cancelas planes, te vuelves ocupada de repente.
O quizás es lo opuesto: das tanto, tan rápido, que la persona se asusta y se va. Y algo en ti piensa "ya sabía que iba a pasar."
Se puede ver de muchas formas.
La amistad que duró exactamente lo que tenía que durar hasta que se volvió demasiado cercana. El grupo que perdiste en un momento, y todavía no terminas de entender del todo qué pasó. La relación que saboteaste justo cuando empezaba a sentirse segura. La persona que te quería bien y tú encontraste mil razones para dudar.
O quizás el patrón se ve diferente: años de una conexión linda, genuina, y de repente algo explota. Un malentendido que se vuelve pelea, drama que no sabes de dónde salió, y la relación sufre tanto que a veces no sobrevive.
El patrón se puede ver de muchas maneras pero en el fondo es el mismo: algo en ti interrumpe la conexión justo antes, o justo cuando, se vuelve real y profunda.
Y después viene la culpa, la confusión o la historia de que eres "demasiado", "muy intensa", "muy independiente", "mala amiga", "incapaz de comprometerte."
Pero esa historia no es la verdad, es solo la explicación que encontró tu mente para algo que en realidad es más profundo.
Tu sistema nervioso aprendió, en algún momento de tu vida, que acercarse demasiado es peligroso. No lo decidiste, no fue una elección consciente. Fue una adaptación, algo que tu cuerpo y tu mente construyeron para mantenerte segura cuando la cercanía dolía, traicionaba, o desaparecía sin aviso.
En algún lugar muy dentro de ti vive esta creencia: que las personas que te quieren, eventualmente, se van a ir o te van a herir. Entonces algo en ti actúa primero, para no tener que esperar ese momento.
El problema es que ese mecanismo no sabe distinguir entre el peligro de antes y la persona frente a ti ahora. Entonces activa la misma respuesta: aléjate, cierra, encuentra una salida antes de que te lastimen primero.
Es como una alarma de incendio que suena cuando alguien enciende una vela. La alarma está haciendo lo que aprendió a hacer, pero no funciona como debería funcionar, y lo que aprendió ya no es lo que necesitas.
No eres alguien que "no sabe amar" o que "tiene miedo al compromiso" como si fuera un rasgo fijo, algo con lo que simplemente tienes que vivir. No podemos cambiar a las personas a nuestro alrededor, pero sí podemos cambiar nosotros.
Eres alguien cuyo sistema nervioso aprendió a protegerse. Y esa protección tiene una historia, aunque no siempre la recuerdes con claridad, aunque no puedas señalar un momento exacto y decir "aquí empezó todo." A veces el origen es algo grande y visible. A veces es la acumulación de cosas pequeñas, vínculos que se rompieron, personas que desaparecieron, momentos en los que necesitaste a alguien y no estuvieron.
Lo que importa no es encontrar la causa exacta, lo que importa es reconocer que el patrón tiene sentido, que no eres rara ni difícil, y que puedes reescribir esta historia, o por lo menos empezar a verla desde otro lugar. Tú tienes el poder de decidir si quieres reprogramar la alarma de incendio y con ello decidir a quién le abres tu corazón, o a quién mantienes de lejos desde un lugar consciente.
Date 10 minutos. Solo 10.
Elige una relación, amistad o vínculo que se enfrió o se rompió en algún momento de tu vida, y que sientes que quizás tú tuviste algo que ver en ese alejamiento.
Luego elige cómo quieres explorar esa memoria:
Cuando pasen los 10 minutos, para. Este ejercicio no es para culparte ni para resolver nada. Es para darle a tu mente y a tu cuerpo la oportunidad de procesar esa experiencia de otra manera, desde la observación, no desde el juicio. Cuando termines puedes hacer lo que quieras con el papel o el audio, puedes borrarlo o botarlo si quieres.
Antes de seguir con tu día, detente un momento.
¿Cómo se siente tu cuerpo ahora? ¿Hay algo diferente, por pequeño que sea, en cómo estás en este momento comparado a cuando empezaste a leer? ¿Qué mensaje te llevas de esta experiencia?
No tienes que tener una respuesta clara. Solo presta atención a tu cuerpo y a cualquier mensaje que te llegue.
Yo conozco este patrón de cerca y sé que el camino de vuelta a la conexión no es decidir "desde ahora voy a confiar más." Es más lento que eso, más gentil, y mucho más profundo. Es entender desde tu cuerpo y alma qué es lo que te hace reaccionar así, y darte espacio para sentir lo que tu cuerpo guardó, lo que sigue haciendo sonar la alarma de incendio. Yo te ayudo a traducir los mensajes de tu cuerpo y de los patrones que continúas, y juntas tejemos un camino que te haga sentir más plena y libre.
Si esto resonó contigo y sientes que hay algo en tus vínculos que quisieras entender mejor, tengo espacio para una conversación de 30 minutos, sin costo y sin compromiso. Solo para escucharte y que puedas sentir de qué se trata este trabajo.
Ven como eres → Agenda aquíEscríbeme por Instagram · @catehoku